Érase una vez un joven llamado César que quería ser piloto de coches tunning. Tenía un gran sueño conseguir un coche, tunearlo y ganar a su ídolo en una carrera, pero eso quedaba en una fantasía. Cuando salía del instituto ayudaba a su padre en el taller de mecánica. Allí le instalaban los extras a los coches y siempre los veía correr por la pista que había frente al taller. Allí conoció a su ídolo Kevin, su apodo era La Bala Misteriosa, lo apodaban así porque para todos era un misterio que fuera tan rápido. Cuando salía a la pista era el más temido. César aprendió mucho de Kevin sobre los coches y como pilotarlos.
Un día Kevin ganó un campeonato. Con el dinero del premio le compró un coche antiguo a César. Él se alegró mucho. Con el dinero que ganaba en el taller se iba comprando piezas para el coche y en sus ratos libres se las instalaba.
Al final, le quedó un coche naranja, con llamas grises, llantas doradas, un alerón negro y como no podía ser de otra manera con ¡oxido nitroso!
Pasado el tiempo César retó a Kevin a una carrera. Él, lo único que quería era saber si estaba preparado para correr como su ídolo. Fue una carrera muy reñida, pero al final César ganó.
Desde ese día, a César lo llaman El Fantasma Oscuro, porque es
rápido, silencioso y terrible a la vez.
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